Posponer tareas pendientes es algo habitual y muchas veces inevitable. Puede que no tengamos tiempo suficiente o que nos surjan imprevistos que nos impidan llevar a cabo esas tareas. Pero cuando esto se convierte en un hábito y las excusas dejan de ser creíbles, lo que hacemos es procrastinar.

¿Qué es procrastinar?

Según la Real Academia Española (RAE), procrastinar significa aplazar, posponer. El problema de la procrastinación es el aplazamiento sistemático de tareas u obligaciones, es decir, convertir en una actitud habitual el dejar para más tarde lo que sabes que deberías hacer ahora.

¿Por qué procrastinamos?

Para empezar, es algo muy común que empecemos realizando tareas que nos resulten menos complicadas y más atractivas. El problema es que si solo nos esforzamos en lo que más nos gusta o nos apetece, se van acumulando una serie de obligaciones que cada vez nos parecen más difíciles de afrontar.

Además, suelen aparecer sentimientos de culpa al pensar en lo que no has hecho, o ansiedad y estrés al pensar en todo lo que te queda por hacer. Esto puede convertirse en una fuente de desmotivación importante, llevándonos a buscar distracciones que aparten de nuestra mente estos pensamientos, lo que hará que aumente a largo plazo el problema.

Otro detalle importante puede ser la mala gestión del tiempo. Si no planteamos las prioridades, o si recurrimos a menudo a distractores, lo más fácil es que muchas tareas importantes se queden sin resolver.

Otros factores que pueden influir son un exceso de motivación o de creatividad que nos lleven a empezar muchas cosas a la vez, y que no terminemos ninguna.

También, tener una baja autoestima puede impedirnos iniciar proyectos por no creernos capaces. Así mismo, no llevarlos a cabo puede hacernos creer que no somos capaces de hacerlo, afectando negativamente a nuestra autoestima, cerrando así un círculo que se retroalimenta.

Seguro que mucho de lo que hemos hablado hasta ahora os resulta familiar.

¿Qué podemos hacer para luchar contra la procrastinación?

Podemos usar las siguientes estrategias para dejar de procrastinar:

 

    • Dividir el trabajo en tareas más pequeñas y concretas. Un proyecto completo puede resultarnos demasiado grande y llegar a agobiarnos, pero seguro que somos capaces de dividirlo en bloques que podamos ir realizando poco a poco. Los pequeños avances harán que aumente nuestra motivación.

 

    • Realizar una lista de tareas por orden de prioridad. Atendiendo a la urgencia y la importancia de cada tarea nos garantizamos que, si al final hay algo que se queda sin hacer, no conlleve ningún perjuicio. Si nos encontramos varias tareas muy tediosas seguidas, podemos estudiar la forma de intercalar alguna que nos guste más. Esto dependerá de que lo permita una adecuada gestión del tiempo.

 

    • También puedes establecer una recompensa para cuando resuelvas esa tarea que te resultaba tan complicada. Esto dependerá del tiempo y las posibilidades de que dispongas. Esto puede aumentar tu motivación para llevarlo a cabo, y después puede ayudarte a relajarte y disfrutar de tu logro.

 

    • Lánzate a dar un primer paso. Si hay alguna tarea a la que te cueste enfrentarte, plantéate dedicarle solo 5 minutos. Es probable que el miedo desaparezca una vez que estás trabajando en ello, y seas capaz de continuar hasta acabar el trabajo.

 

    • Si te cuesta encontrar tiempo, puedes anotar lo que realizas cada día y el tiempo que te lleva hacerlo. Puede que encuentres la forma de gestionar tu tiempo evitando pérdidas innecesarias. Así encontrarás el momento para aquello que querías hacer.

 

    • Buscar la forma de que resulte más divertido. Por ejemplo, si el objetivo es hacer ejercicio, seguro que hay unas formas más divertidas que otras. Busca la forma que te sea más agradable para cumplir tus objetivos.

 

    • Cuando te enfrentes a un reto importante, hacerlo público puede ayudarte a comprometerte con ello. Por ejemplo, para dejar de fumar, comunicárselo a otras personas puede ayudarte a mantener el compromiso.

 

    • No hacer varias cosas a la vez. No es bueno tener varios frentes abiertos. Concéntrate en lo que estás haciendo para ser más productivo y asegurarte de culminar la tarea.

 

    • Saber decir NO. Puede que tengas compromisos que realmente no quieras hacer y no tengas por qué hacerlos. Trabajar la asertividad puede ayudarte a poner límites a los otros y a saber decir NO.

 

    • Entrenar el autocontrol. No es fácil a veces dirigir tu propia voluntad. Puede resultarte útil aprender técnicas de afrontamiento y de gestión de las emociones para no dejarte llevar por aquello que sabes que no te hace ningún bien.

Para terminar, creo que también es importante no castigarse por procrastinar. Hazte responsable de tus actos, pero torturarte por lo que has dejado sin hacer puede aumentar tu ansiedad y crear un miedo mayor a enfrentarte a esa tarea. Se amable contigo y perdónate si es necesario, pero de forma adulta y sin excusas. Luego podrás demostrarte de lo que eres capaz.

Recuerda que siempre puedes solicitar la ayuda de un psicólogo profesional para estas y otras cuestiones que puedan afectar a tu día a día.

Logo cita Mikel Pinar psicólogo