Tal vez te reconozcas en algunos de estos ejemplos: “Seguro que me sale mal”, “No le voy a gustar”, “No valgo para nada”, “Para un fin de semana que tengo libre seguro que llueve”, “Soy un/a inútil”, etc.

Parece que somos adivinos, pero además, el pronóstico siempre es malo. Lo bueno es que, como veremos, hay formas de vencer estos pensamientos.

Los pensamientos negativos surgen, por lo general, de forma automática. Al aparecer de forma espontánea, no los hemos meditado ni razonado, así que nos estamos creyendo algo que probablemente sea irreal o exagerado.

Esta clase de pensamientos puede afectarnos de las siguientes maneras:

  • puede limitarnos a la hora de conseguir nuestros objetivos (por no atrevernos a intentarlo o por afrontarlos con una actitud derrotista),
  • deteriorar nuestras relaciones (a quién le gusta estar con una persona tan pesimista o que siempre está de mal humor),
  • nos provocan emociones negativas (tristeza, culpa, frustración, vergüenza, impotencia, angustia, etc.) haciendo estas emociones que afloren más pensamientos negativos,
  • afectan a nuestra autoestima (considerándonos menos valiosos de lo que somos realmente),
  • nos provocan reacciones físicas (dolores de cabeza, tensión muscular, cansancio, insomnio, nerviosismo),
  • incluso pueden derivar en trastornos de ansiedad y depresión.

La profecía autocumplida

Alguien pensará “Es que se a mí se me cumplen de verdad”. Bueno, voy a hablaros de la “profecía autocumplida”; si por ejemplo tengo un examen y el día anterior estoy preocupado porque me digo a mí mismo que no voy a aprobar, me pongo nervioso, duermo mal, y al día siguiente me encuentro cansado, sin ánimo y nervioso, ¿creéis que estoy en condiciones de rendir en el examen? Otro ejemplo podría ser que me gusta una persona pero no confío en mis posibilidades de gustarle, así que me acerco a ella con poca energía, sin sonreír y sin mirarle a los ojos, ¿puedo causarle así una buena impresión? Cuando tengamos un mal resultado en estos casos, ¿puede ser que hayamos influido con nuestro negativismo a que esto ocurra?

¿Qué provoca los pensamientos negativos?

No se trata de pensar que es culpa nuestra y que nosotros nos lo estamos provocando. Podemos tener este tipo de pensamientos por:

  • haber tenido en el pasado experiencias negativas o traumáticas,
  • haber tenido unas figuras de referencia (padres, cuidadores) con tendencia al catastrofismo, pesimismo, preocupaciones o ansiedad, ejerciendo sobre nosotros un aprendizaje poco adaptativo,
  • tener baja autoestima y baja confianza en nuestras posibilidades,
  • ser demasiado exigentes con nosotros mismos,
  • tener poca tolerancia a la incertidumbre y estresarnos por no saber a ciencia cierta lo que va a ocurrir.

Cómo podemos acabar con los pensamientos negativos

Estas pueden ser algunas pautas que nos ayuden, pero no debemos olvidar que no siempre vamos a poder superarlo nosotros solos. Debemos contemplar la posibilidad de buscar la ayuda profesional de un psicólogo que nos ayude a corregir nuestra forma de relacionarnos con nuestros pensamientos:

  • Aprender a ver que existe la posibilidad de un mal resultado, pero eso no significa que sea una certeza. También debemos ser conscientes de la posibilidad de éxito y darle la importancia que merece.
  • Identificar cuándo tenemos un estado de ánimo negativo, y éste puede estar influyendo en nuestros pensamientos volviéndolos más pesimistas.
  • Detectar cuándo nos hablamos mal a nosotros mismos y pensar si es así como le hablaríamos en la misma situación a un ser querido. Por lo general, somos más duros con nosotros mismos y eso no es justo.
  • Buscar argumentos realistas.
  • No caer en absolutismos de “todo-nada” o “siempre-nunca” dado que no estaríamos siendo realistas.
  • Aceptar que la vida nos enfrenta a retos y obstáculos y tratar de afrontarlos con calma.
  • Vivir más en el ahora y menos en el futuro. Los problemas se solucionan en el ahora, y si el problema es futuro, o bien lo solucionamos cuando llegue, o bien preparamos un plan de actuación realista en el presente para cuando llegue ese futuro. Además, debemos ser conscientes de que ese futuro puede que no llegue de la manera que pensábamos, y preocuparnos no haya servido para nada.
  • Llevar una rutina de comida saludable, ejercicio físico y calidad de sueño, puede hacer que mejore nuestro funcionamiento cerebral (generando menos distorsiones cognitivas), y aumentando nuestra energía para afrontar los retos y mejorando nuestra percepción de autoeficacia.
  • También es bueno incluir técnicas de relajación y meditación para reducir el nerviosismo y descansar la mente de estos pensamientos.

Recuerda que siempre puedes solicitar la ayuda de un psicólogo profesional para estas y otras cuestiones que puedan afectar a tu día a día.

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